Negro de Mierda
(Nota: en el año 2000, escribí este relato corto como parte de un concurso nacional de escritura estudiantil que organizan cada año D&AD y The Guardian en el Reino Unido. Ganó y una versión editada fue publicada más tarde con otro título. Ésta es la versión orginial, que en inglés se titulaba ‘Sad Black Bastard‘.)
El mundo se ha vuelto loco y me encuentro solo. No me dí cuenta que estaba envuelto en este mundo de caos solitario hasta aquel día hace ya siete meses cuando el vecino pasó por casa. Llegó un lunes por la tarde para volarle los sesos a mi padre. Antes, el vecino y sus amigos lo ataron y lo obligaron a mirar mientras todos violaban a mi madre. Después, dejaron a ambos en el suelo de la cocina, cubiertos de sangre y sudor.
Perdona. Tenía que haber dicho que solía pasarse los lunes para tomarse una cerveza y charlar. Hablaba con mi padre de fútbol, bromeaban sobre cómo los ministros se estaban cargando el país y el poco tiempo libre que tenían ahora que introducían eso de ‘las tecnologías de la información’ en el curro. Eso es lo que tenía que haber dicho.
Lo que pasa es que, en mi memoria, cuando cierro los ojos y pienso en aquellos lunes por la tarde, la imagen que se me ha quedado en la cabeza es aquella en la que miro escalera abajo y veo a mi padre abriendo la puerta; luego la revientan y el vecino le golpea a mi padre en la cara con la culata de un rifle. Los demás ayudan a atarlo. Lo arrastran hasta la cocina, dónde se encuentra mi madre, y lo sientan en un extremo de la mesa. En el otro, tumban a mi madre y obligan a mi padre a mirar mientras la desgarran y se ríen.
Me acojoné. Me escondí arriba hasta que ya no oía nada. Cerré los ojos bien cerrados y pedí que todas esas imágenes se fueran; si cerraba bien los ojos, se irían. Cuando bajé, los hombres habían desaparecido pero habían dejado a mamá y a papá tirados en el suelo. Muertos. Salí corriendo. Corrí sin parar. Que alguien me ayude, por favor. Ayúdanme. Venga, ayúdanme rápido. Aquel lunes, cuando llegaron los soldados a nuestro pueblo, quemaron todo. Nadie pudo ayudar.
En el campo de refugiados nos dijeron que todo iría bien y que estaría a salvo. Dos meses más tarde llegué a Inglaterra. Un país muy lejano pero por lo menos seguro; y los ingleses son tan tolerantes con sus tradiciones y su espíritu del ‘juego limpio’.
Por lo menos podría dejar de tener miedo. Cuando llegué me enviaron a la cárcel. No entiendo por qué, ya que no había cometido ningún delito. ¿Por qué no estaban en la cárcel los hombres que habían violado a mi madre y matado a mi padre? No lo entiendo.
El 29 de febrero, me enviaron aquí y me dejaron vivir en una casa con otros refugiados. Bosnios, croátas, kurdos, afganos. Sólo estoy yo de Somalia. Más bien pasamos el tiempo mirando el silencio. Es complicado explicarte en otro idioma. Sobre todo esas cosas.
Lo único que puedes hacer es mirarle a alguien a los ojos y esperar que vayan a ver que te duele mucho y que realmente no estás aquí; esperar que te hagan caso; esperar que sepan cómo tu cuerpo puede estar en un sitio pero tu corazón y tus pensamientos en otro lugar muy lejos de aquí. No tengas miedo. Intenta mirarle a esos ojos hundidos y cansados que tiene. Verás.
A veces, cuando voy por la calle aquí, la gente me mira. Yo los miro e intento hablar con ellos. Algunos son amables e intentan ayudar. No me apetece reírme muy a menudo pero algunos se ríen conmigo; eso mola. Algunos se ríen de mí, otros me ignoran. Uno me llamó ‘negro de mierda‘. Ví miedo en sus ojos también.
Los del Refugee Council me ayudan mucho. Ayudan a los vecinos a entender un poco más y podrían ayudarte a tí. Aquí hay mucha gente preocupada. Preocupada por tomarse la próxima copa o por comprarse un coche o un videojuego o por irse de tiendas a comprar ropa.
No quiero coger ni tu dinero ni tu trabajo ni tu coche ni tu mujer. No soy ladrón. Tampoco soy asesino, ni gamberro, ni violador ni ningún otro tipo de criminal. No quiero hacer daño a nadie. Soy un ser humano. Como tú. El mundo se ha vuelto loco y estoy solo. Algo me duele por dentro y necesito entenderlo todo. Como tú. Si me ves por la calle, está claro que no sabrás nada de esto. Si te miro y sientes miedo, es porque yo también lo siento. Quiero mirarle a la gente a los ojos y sentirme feliz, no tener miedo. Como tú.
