De los barcos que se hunden y las sociedades que se colapsan

Los pasajeros, dirigidos por una tripulación experimentada y con un sabio Capitán al mando, alzan velas para navegar por los océanos, esperando llegar a buen puerto, quizás en un exótico país nuevo. Antes de poder tomarse sus cócteles o de comenzar sus vidas nuevas, deben enfrentarse al oleaje, pasar el tiempo y quizás deshacerse de unos piratas.

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(Image by tonyevans on Flickr.)

La mayor parte del tiempo, todo funciona bien pero a veces – de repente y con mucho caos – los barcos se hunden en el océano, llenos de muerte y de destrucción. El gran Titanic, por ejemplo – imposible hundirla, decían, porque era el crucero más magnífico de todos los tiempos – se hundió en tan solo dos horas y cuarenta minutos desde el momento en que chocó con el iceberg, llevándose hacia abajo a su sabio Capitán, a la mayor parte de la tripulación y a unos 1.500 miembros del pasaje.

Hace menos tiempo, tardó mucho menos tiempo en hundirse el MS Estonia – un ferry en el Mar Báltico que cruzaba entre Estonia y Suecia en 1994. Desde el momento aquel septiembre en que se inclinó un poco más de lo normal en esas aguas frías y bravas hasta el momento en que ella también desapareció debajo del mar, no pasaron más de cuarenta minutos.

El sabio Capitán del Estonia, su tripulación experimentada y los 852 pasajeros que pronto se ahogarían intentando llegar a Estocolmo no tuvieron mucho tiempo para reaccionar ante su problema una vez que se habían dado cuenta de que algo, en algún sitio, no había funcionado nada bien.

Para los pocos que luego fueron rescatados, la supervivencia fue un asunto espantoso:

“Sobrevivir esa noche llegó a ser una lucha muy cruda, una salvajada. Los que empezaron pronto y se movieron con rápidez tenían alguna posibilidad de sobrevivir. Los que empezaron tarde o dudaron por cualquier razón no tenían ninguna posibilidad. Ganaron los que hicieron algo. Perdieron los que no hicieron nada. El simple acto de vestirse era suficiente para condenar a alguien a muerte, y aunque muchos de los que se habían escapado al agua luego sucumbieron al frío, la mayoría de los ganadores últimos vivieron aquella noche desnudos o en ropa interior. Parece que todos los supervivientes se habían dado cuenta de la naturaleza de aquella carrera, y ganar la primera etapa implicó salir fuera a la Cubierta 7 cuanto antes. No había Dios misericordioso para ayudar. Ningún gobierno pudo ofrecer algo de orden. La Civilización se había quedado atrás. Europa se encontraba muy lejos. Dentro del barco, conforme aumentaba la escora, se deshacía hasta la organización humana más primitiva – la cadena humana. Lo único que hizo el amor fue retrasar a la gente. Un reloj sin piedad marcaba el paso. El océano estaba al mando.”

Claro está que se suponía que no se hundían esos barcos. Todo iba tan bien – hasta que apareció un pequeño agujero en el lugar equivocado o hasta que se soltaba un tornillo mal ajustado – y el magnífico sistema que había sido un barco tan impresionante, con un propósito tan noble, de repente se rompió y se hundió.

Hoy en día está claro que los sistemas económicos del mundo peligran. El capitalismo liberal ha sido criticado, con alguna razón, y necesitará de mejoras antes de que sea demasiado tarde, siempre que los políticos se acuerden de escuchar al grupo de expertos más adecuado.

Las democracias occidentales tampoco se escapan de posibles broncas si hablamos de sus funciones más que de sus ideologías, comparado con algunos de los regimenes más fundamentalistas y autocráticos. Unos regimenes que, si los comparamos con suposiciones anteriores, no imposibilitan de momento el desarrollo de sociedades viables. La falta de reacción de Occidente ante la guerra Rusia – Georgia este verano es un ejemplo.

¿Qué pasaría si algún otro pilar fundamental de nuestra sociedad – uno al que nadie presta mucha atención ahora mismo entre bolsas tambaleantes, bancos en bancarrota y millones de parados nuevos – se viniera abajo?

¿Qué ocurriría si por alguna razón se colapsara el sistema jurídico?

El catedrático Jared Diamond es el autor de un libro ganador del Premio Pulitzer sobre el destino que espera a las sociedades: Armas, Gérmenes y Acero: una corta historia de todos durante los últimos 13.000 años y Colapso: Cómo las Sociedades Eligen Ganar o Perder.

El Sr. Diamond está preocupado por el estado en que se encuentra el mundo, y ve parecidos entre las sociedades colapsadas que ha estudiado y el estado actual del mundo. Utiliza cinco indicadores claves para puntuar el progreso de una sociedad:

  1. el impacto humano en el medio ambiente: sobreexplotar, sobrecosechar y agotar los recursos naturales. Hay demasiada gente y demasiado poca comida;
  2. el cambio climático: la sequía, una precipitación excesiva, subidas o bajadas repentinas de temperatura, y el efecto de todo en nuestro sistema agrícola;
  3. las relaciones de una sociedad con sus enemigos: la guerra y las sociedades debilitadas. ¿Se aprovecharán tus enemigos de tu situación debilitada?
  4. las relaciones de una sociedad con los países amigos: los socios comerciales, las líneas de abastecimiento, las importaciones;
  5. la respuesta de una sociedad hacia sus problemas: ¿la sociedad sabe aprender? ¿Qué aspectos culturales la impiden adaptarse?

Tambén cita como factores importantes que una sociedad no sabe anticiparse a los problemas y no actúa para dar marcha atrás y el aislamiento del élite de una sociedad de las consecuencias de sus acciones.

El Titanic se hundió en menos de tres horas, el MS Estonia en menos de una. ¿Cuánto tardaría en hundirse la civilización tal como la conocemos? ¿20.000 años? ¿250? Jared Diamond piensa que menos:

No creo que tengamos otros 20.000 años,” dijo Jared Diamond en un Alemán perfecto y con la misma compostura educada y sin pretensiones con la que había contestado a todas las preguntas anteriores. Y añadió: “Creo que más bien tenemos quince.

Y eso lo dijo en el 2005. El reloj ya está marcando el paso. ¿Y si uno de los cisnes negros de Nicolas Taleb pasara por encima de nuestro barco en un momento clave? ¿Qué ocurriría si de repente todo fallara? ¿Cuánto tiempo tardarían las sociedades y tribus que conoces en convertirse en algo irreconocible?

Y, ¿sabes nadar?

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