Matthew Bennett Matthew Bennett
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¿Un periodista vale igual que un soldado, un intérprete y unos afganos?

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Todos nacimos y todos moriremos, pero la parte en medio parece ser problemática, ¿verdad?

The sorrows of everyday life

Qué difícil la vida a veces

El rescate de un periodista británico del New York Times y las muertes en la misma acción de su intérprete afgano, un soldado de las fuerzas especiales británicas y tres o cuatro afganos sin nombrar hacen surgir unas preguntas interesantes.

Stephen Farrell, el periodista, Sultan Munadi, su intérprete y el Cabo John Harrison, el soldado de las fuerzas especiales, parecen ser o haber sido todos profesionales comprometidos quienes se habían ofrecido voluntarios para informar, traducir y luchar en esta vida.

De los afganos sin nombrar que murieron sabemos poco, o no nos hemos molestado en saber o en informar de sus nombres. Si uno o varios de ellos formaban parte de ese grupo complejo que llamamos ‘enemigo’, me imagino que también se ofrecieron voluntarios.

Me parece a mí que los dueños de la casa donde tuvo lugar el ataque son los únicos que no se ofrecieron voluntarios, aunque Gordon Brown parece estar dudando sobre si ofreció de forma voluntaria o no su opinión activa y sus habilidades tan valientes de liderazgo.

Quizá el Sr. Farrell podría volver un momento para preguntárselo o tal vez la unidad más cercana de tropas británicas podría enviar a alguien.

La discusión entre los que todavía viven parece centrarse en quién pertenece a qué pandilla.

Tenemos a los británicos contra los afganos, los soldados contra los periodistas, la familia apenada británica del Cabo Harrison contra el periodista rescatado, la familia apenada afgana contra los soldados, y casi todos contra los talibanes. Sólo el gobierno británico no sabe de qué lado estaba en ese momento ni a quién apoya en estos momentos. Los muertos ya no pueden estar contra nadie.

Los medios, nuestro magnífico Cuarto Poder, tienen todas las altavoces, así que hacen constar sus ideas con respecto a lo ocurrido con mucho afán. Hasta adoptaron a Munadi como uno de los suyos después de algunos comentarios indignados. Las ideas del Ejército constan un poco menos pero hay un atisbo de respecto funcional entre los dos grupos, así que algo sabemos de los pensamientos del Ejército.

Tanto los medios como el Ejército son pilares fundamentales de nuestras democracias occidentales y ambos, a su manera, se esfuerzan por apoyar y defender nuestra filosofía moderna de libertad. Tanto el periodista como el soldado hicieron lo que tenían que hacer, así que no deberíamos culpar a ninguno.

Diría incluso que la muerte del Cabo Harrison está mucho más directamente relacionada con la defensa de esos valores que las muertes de muchos otros soldados británicos matados en Afganistán, aunque me parece que eso no será de gran ayuda a la familia apenada.

Los intérpretes, tan esenciales tanto para el Ejército como para los medios cuando tienen que llevar a cabo sus misiones en un país extranjero, no son todavía un Poder formal reconocido de la sociedad, aunque quizá debería ser así, ya que su trabajo fomentando la comprensión entre las personas es el más merecedor de todos. Dudo igualmente de que eso sea de ayuda para la familia apenada de Munadi.

Los afganos sin nombrar, incluso los que eran talibanes, tendrán sin duda familiares también sin nombrar pero igual de apenados en algún pueblo sin nombrar de Afganistán, pero esos no eran Poder ni oficial ni no oficial de ninguna sociedad así que no tenemos mucho que decir sobre ellos y ya no pueden soñar con disfrutar o por fin destruir algún día nuestras ideas de libertad y democracia.

Para los que formaban parte de la pandilla británica, menos para el Cabo Harrison y su familia, la decisión era la correcta, de acuerdo con nuestros valores. Para los que formaban parte de uno de los bandos afganos, parece no haber sido un final feliz para ninguno, lo mires como lo mires.

Una vez que se armó el lío, una vez que Gordon Brown había o no había quitado el seguro político, la Suerte siempre iba a encargarse de quien moría y quien vivía. Los seres humanos debemos aprender a esquivar mejor las balas.

Así que descanse, Cabo Harrison, y usted también Munadi; que descansen en paz todos, ya no es su problema, han cumplido.

Para los que permanecemos aquí todavía, bueno, a veces la vida es una mierda. Quizá algún día todo tenga sentido. Mientras, deberíamos reflexionar mejor sobre todo esto y hacer un mayor esfuerzo para entendernos mejor.

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