El Camino de Marva Collins: ¿una ‘devoción implacable’ contra la ‘mediocridad desenfrenada’?
¿Cuál es la solución para enseñar bien y aprender bien? ¿Qué hace un buen profesor? ¿Qué papel debería jugar un profesor en las vidas de sus alunnos? ¿Qué debería esperar un alumno de su profesor? ¿Qué debería exigir un profesor a sus alumnos?
He tenido el ‘Camino de Marva Collins’ en mi lista de lectura desde hace tiempo y ya empiezo a descubrir sus respuesta a estas preguntas. Marva Collins es famosa por enseñar los clásicos a los niños de cuatro años y por haber sido invitada dos veces, por dos presidentes estadounidenses, a ser Ministra de Educación—y por haber rechazado la oferta dos veces.
Los profesores y los administradores educativos de todo el mundo viajan a su colegio en Chicago para enterarse de cómo lo hace.
¿Cuál es su secreto?
Bueno, seguro que hay muchísimo más por descubrir en los siguientes capítulos pero parece estar convencida de empezar con la actitud del profesor, que podríamos resumir de momento con una frase que emplea—’la devoción implacable‘:
“Te prometo que vas a hacer, que vas a producir. No voy a dejarte suspender.” … “Para hacer que un niño aprenda, un profesor primero debe preocuparse por el niño.”
La introducción contiene una multitud de estadísitcas desfavorables comparando la Educación en EE UU con la Educación en Japón. En EE UU, uno de cada cuatro niños sale del sistema educativo antes de aceptar su primer trabajo, comparado con el 96% de los niños japoneses que terminan el instituto. Los alumnos de élite en EE UU se comparan con los alumnos medios en Japón cuando hablamos de habilidad en matemáticas.
Todos hemos leído muchos artículos en los últimos años en nuestros propios países que también testificarían de los pocos logros educativos en nuestros colegios.
Si te estás preguntando si esto es algo único de Marva Collins, imposible de montar en otros colegios, te equivocas:
“No hay nada que hacemos en Westside Preparatory School que no pueden hacer otros en cualquier colegio del país.”
Quizás podríamos mezclar Marva Collins con Michael Gerber para inventar algo interesante.
Y para aquellos de nosotros quienes trabajamos con la enseñanza particular de una manera u otra, estos pensamientos engendran más preguntas: ¿qué pasaría si le dijeras a un empleado que nunca dejarías que fallara? ¿Qué pasaría si a tu cliente le dijeras que nunca dejarías que ‘suspendiera’? ¿O a un amigo?
Pueden rendirse cuando quieran (algunos lo harán siempre) pero déjalos saber que—durante el tiempo que te responsibilzas de ellos de alguna manera—les exigirás mucho pero nunca dejarás que suspendan.
