¿El idioma que hablas afecta lo que piensas del mundo?
El excelente blog nuevo del Economist pregunta cómo afecta el idioma al pensamiento, o viceversa: “Si hablas dos o más idiomas con soltura, puede que te resulte familiar la sensación de que te comportas de una manera distinta según el idioma que estés hablando. Tiendo a emocionarme más en español y a ser más grosero en hebreo, por ejemplo, que cuando hablo inglés.“
Señalan, por ejemplo, al investigador lingüístico Lera Boroditsky: “Lo que hemos aprendido es que las personas que hablan idiomas distintos piensan de otra manera y que hasta las casualidades de la gramática pueden afectar de manera profunda cómo vemos el mundo.”
Si no sabes las palabras necesarias para expresar una idea, ¿quiere decir que no puedes pensar la idea? Está claro que no. Y, ¿cambia la idea cuando cambias el idiomas que hablas? (¿Los españoles son maleducados?)
Si un inglés monolingüe y un español monolingüe se encuentran el uno al lado del otro viendo pasar una tía buena—no obstante sus preferencias personales—habrán presenciado el mismo acontecimiento.
Pero quizás el diablo está en los detalles.
La pregunta es: ¿viven ese acontecimiento de una manera diferente porque hablan dos idiomas distintos, con distintas estructuras gramaticales y distintas conotaciones a las palabras que podrían emplear para describir la situación?
Ahora bien, ver pasar a una rubia buenorra (o una morena, o una pelirroja, ya puestos) es, psicológica y lingüísticamente hablando, algo muy complejo (el español y el inglés ni siquiera se aclaran sobre el significado de la palabra PIG, por ejemplo), así que los investigadores en el tema se apresuran para simplificar las cosas en los estudios académicos.
Personalmente, estoy convencido de que las palabras y las estructuras afectan a tu modo de pensar en el mundo.
Si hablas inglés y español, piensa en todas las sutilezas que existen en el subjuntivo y los pretéritos en español, difíciles de expresar en inglés o, de modo parecido, las sutilezas que esconden los doce sonidos vocales en el inglés estándar que no existen en castellano.
A mí me parece que cuanto más amplio sea tu vocabulario (en el idioma que sea) y más amplio tu base de datos personal de estructuras lingüísticas (en el idioma que sea), más capacidad tienes para entender este mundo.
Piensa, por ejemplo, en el toreo y el cricket. Apostaría a que hay menos de 25 palabras en inglés para describir el arte de la tauromaquia (intenta buscar ‘‘a porta gayola’). Lo mismo diría en español con el cricket (intenta entender lo de silly mid-off).
Pero, si tuvieras el coraje suficiente, podrías componer un diccionario inglés-español que hablara del cricket y del toreo, con términos suficientes en cada idioma para describir bien cada actividad en el otro idioma, de una manera parecida a la que se describe en su idioma original.
Si luego mezclaras ese vocabulario con las estructuras disponibles en cada idioma para enlazar bien los temas, estarías más cerca a una buena conversación y a una crítica en condiciones del boleador, del bateador y del torero.
Y en cuanto a la otra idea del Economist acerca de imitar los gestos y los pensamientos de otro mientras aprendes un idioma—algo muy recomendable—¿a qué nativo imitas y qué implicaría para tu salud mental? Para aprender español, por ejemplo, ¿imitas mejor a Zapatero, Aznar or Torrente?
