Impuestos motivadores: portarse bien y prosperar
Stephen Covey escribió una frase en su libro que me sigue viniendo a la cabeza cuando pienso en lo que ZP está intentando hacer con la economía española: “no puedes salir del agujero que has creado con palabras bonitas cuando la causa han sido tus acciones.”
Porque, por mal que lo haya hecho Zapatero—y lo ha hecho muy, muy mal—también debemos admitir que tiene que trabajar con lo que tiene delante. Muchos de los problemas estructurales más profundos que azotan la economía española son el producto de una responsabilidad compartida histórica, lo que quiere decir que España tendrá que salir del agujero en el que se encuentra con un comportamiento distinto al que ha tenido en los últimos años.
Pero el gobierno puede ayudar dirigiendo el barco a buen puerto, construyendo la infraestructura y aprobando las leyes que hacen falta para motivarnos y castigarnos para que todo se encamine bien.
Con lo cual, hay un problema, sin duda, si el gobierno no sabe a dónde quiere llegar.
Ahora bien, ciertos impuestos tienen un efecto motivador en un momento dado. Parece que, básicamente, más aumenten los impuestos, menos querremos pagarlos.
Las dos opciones más relevantes parecen ser: no pagarlos (la economía sumergida llega hasta el 25% del PIB) o cambiar la actividad para dedicarse a algo que implica una tasa impositiva menor.
Mira lo que ha pasado en el País Vasco con las SICAV cuando han cambiado del 1% al 28%. Las tres cuartas partes de las SICAV decidieron de repente que, pensándoselo mejor, el País Vasco no era el lugar adecuado para su negocio.
Mira lo que ha pasado con las ventas de los coches en España en julio, entre quitar las subvenciones del Plan 2000E y subir el IVA del 16% al 18%: las ventas de coches han bajado un 30%.
¿No querríamos motivar a la gente para que se convirtiera en monstruos del negocio—por decirlo de alguna manera—con ganas de hacer tantos negocios en el sector privado como humanamente sea posible?
Sea quien sea el que esté presionando a ZP, sin embargo, el tío sigue: el Ministro de Fomento Jose Blanco acaba de reaparecer globosondeando la idea de un aumento de impuestos más generalizado. El gobierno investiga si podría ser un buen plan aumentar los tipos impositivos sobre la renta, el tabaco, sociedades, patrimonio y sucesiones.
Igual que antes, el gobierno dirá que “tenemos que ser solidarios en un momento de crisis, queremos pedir más a los que tienen más” — la clase media, los que todavía tiene un puesto de trabajo y los ‘ricos’ — cuando realmente debería decir: “no tenemos ningún plan y tampoco nos queda dinero, y como ha colado lo de la bajada de sueldos para los funcionarios, vamos a coger de los que todavía tienen algo.“
Y, ¿qué son todas estas tonterías acerca de impuestos justos? ¿Desde cuándo han sido los impuestos justos? Los impuestos son un factor de motivación económica. A los que piensan un poco no les gusta pagar impuestos demasiado altos y harán lo posible para evitar pagarlos.
Y, ¿cómo puede ser justo que la gente honrada—la que trabaja y contribuye más y que pide menos—tiene que pagarles la vida a aquellos seres que por voluntad propia hacen lo menos posible (o en algunos casos, no hacen nada)
¿No debería ser que aquellos que generan más actividad económica e impuestos para la economía paguen menos, proporcionalmente? ¿No deberían pagar más a la sociedad aquellos que más gasto generan y menos hacen?
¿Por qué—como alguien comentó en el Times hace un par de meses—no dejar el 1% para las SICAV donde está y aumentar el IRPF en el tramo relacionado con las rentas más bajas al 50%—para los parados o los que no declaran todos sus ingresos a Hacienda?
¿Queremos un sistema fiscal ‘justo’ o queremos un sistema fiscal que habilite la infraestructura necesaria para una economía fuerte y poderosa—y con la que podemos entonces pagarnos algo de bienestar social?
